De quejas y patadas

El Ultramarinero no es pendejo: sabe que si enciende la pantalla que cuelga de una viga lateral en la ramada infecta ésta que se hace llamar Los 7 Pilares (nadie sabe por qué), el infelizaje porteño dejará de averiguar acerca de los crímenes de los cárteles o de los latrocinios cotidianos de los políticos cholleros, mexicas e internacionales, para centrar su atención en el rectángulo multicolor donde once ratoncitos verdes corren por el pasto canadiense tras un balón que pretenderán anidar en la red adversaria para luego gritar goooooool y abrazarse y beber y sonreir y palmear los lomos de quien esté cerca y sentir que ya la hicimos compa, somos chingones, pobres canadienses, pérate que faltan cuatro pepinos más que les clavarán el Chicharito y Jiménez  y la madre que los parió canadienses jijosdesú y más vale que no nos hagan encabritar porque… Todo esto sabe el Ultramarinero, patrón de este antro de pésima muerte, cuando prende la tele y empieza a destapar forjadas.

–Eres como los gobiernos, estimado Ultra –afirma el Parara, guardián de las tradiciones insulares–; ante las crisis, ni madres de pan, sólo circo. Así la perrada se entretiene, olvida sus miserias y ni de chiripa se le ocurre que puede cambiar la situación organizándose y peleando por sus derechos.

–No mames –con todo respeto– aclara el Bolas, joven futbolero de El calandrio y orgullo de su universidá. De veras que no –con todo respeto, digo– mames y remames. Orita lo nuestro es el pase-centro rasante de Layún desde el ala izquierda, con precisión milimétrica  a los botines del Chícharo, para que el chamaco nos haga el día con uno de sus milagros. Orita es la fiesta de los verdes y la nuestra. Orita lo que rifa es la porra sentida, el ¡eeeeehhh… puuuúto! coreado por el país entero contra el cancerbero contrario cuando despeja; orita es el nervio, la ansiedá y el pálpito ante el saque de esquina de los colorados; orita es el momento de cobrarnos con goleada la afrenta canadiense por exigirnos la visa y por vernos por encima del hombro en el tratado de libre comercio. Orita es lo de orita, pues. Así que –con todo respeto– no mames. ¿Verdá palomilla?

La tribu de ganapanes, muertosdehambre, destripaterrones, multichambas, defenestrados del Municipio, repòrteros sin fuente y demás infelizaje que por el ultramarinos semiclandestino aterriza a ver qué gorrea, se queda expectante, en espera de la reacción del maese Parara, teporocho respetado en el bajo mundo porteño porque se ha ganado la estimación a chingadazos (fue boxeador) y porque cuando anda entonado suelta una que otra idea coherente o puntada de buen filo.  Y como decían los narradores de antes: la respuesta no se hace esperar:

–Mira Bolitas/

–Bolas, si no es/

–Dije Bo-li-tas. Eso eres hoy. El futbol, sin acento en la u, es el circo con el que nos apendejan la FIFA, Los Pinos, los Azcárragas y los Salinas de este mundo. Mientras permanezcamos atentos a los mundiales, a las liguillas, a las championligues y demás babosadas, nos olvidaremos de protestar porque el Presidente y su mujer reciben casas valuadas en millones; no pegaremos el grito para que el Ejército salga de las calles en Altamira, Acapulco, Morelia o La Paz; no le reclamaremos a los diputados y senadores su desinterés por el tenebroso destino del país; nos desinteresaremos todos por los abusos que cometen las empresas contra los pescadores en Todos Santos,  los mineros en Cachanía/

–¡Noooooooo…! gritan desgarrados, al unísono, los miembros del infelizaje porteño: un tronco rubio ha burlado las defensas tenochcas y anida un balón en la esquina superior derecha (cómo no) de la cabaña defendida por… qué importa, las caras largas, los escupitajos de amargo resquemor hacen volar el aserrín de Los 7 Pilares, igual que el ánimo antes decidor y optimista de la canalla. El Parara no puede continuar su retahila de males: nadie lo pela.

–No te achicopales ni te culipandées, muchacho, –lo consuela el Viejo Chamán yaqui mientras le echa el nervudo brazo sobre los lomos– la gente también necesita olvidar penurias y entretenerse. Mientras esperamos el empate de los ratoncitos y gritamo gol con el resto de la tribu, dispárame una…¿Cómo ves?