De praderas y liderazgos

«¡Vamos a incendiar la pradera con nuestro entusiasmo… desde el aguilón de fierro que enhiesto vigila las salinas de Guerrero Negro hasta el cabo Falso de cabo San Lucas, y desde la grácil isla Danzante en el golfo, hasta lo que queda del muelle de punta Belcher, meritito en la boca de la bahía Magdalena… Desde San Francisco de la sierra hasta el Picacho de La Laguna, a lo largo y ancho de nuestra geografía, llevaremos el ideario y la voluntad de servicio de nuestro candidato, heredero de las gestas legadas a nuestra estirpe por Mijares, Márquez de León, Ortega, Olachea, y… (PAUSA DE DUDA)

— Batista — susurra un acomedido– .

— ¡Y Batista! Sí señores, cómo de que no!»

Quien esto vocifera en Los 7 Pilares es un compa grandote, medio colorado, pelo y bigote tordillo, que entró al aguaje de rondón, pidió su forjada y luego de limpiar el gollete con la corbata fluorescente para besar el borde, cauteloso, se dejó ir con el rollo antes referido. La palomilla lo observa hipnotizada, como no creyendo que todavía existan sujetos así. El Juntabotes lo encara, jodedor:

— No me diga… A ver, déjeme adivinar sus generales. Usted es priista de la vieja guardia… no terminó la primaria… es tejedor de discursos para toda ocasión y tarjetero de candidatos a lo que se ofrezca. No había años atrás quién le pusiera un pie delante en estos jalecitos del verbo político, y hoy ha venido a refrendar títulos y méritos para las batallas que se avecinan… Pero, ¿no se le figura que se está adelantando? Para las elecciones falta un buen rato.

— ¡Conciudadano: los próceres no duermen y las campañas… menos! Nunca falta un sudcaliforniano bien nacido que quiera sacrificarse de inmediato en el altar de la patria, siendo candidato. Y acierta usted: me preparo, ya, para dirigir una precampaña, fortalecer una figura, tejer finito una imagen… ¿Alguien por aquí está interesado?

— Nooo, compita, — interviene el Bolas, joven enterado de El Calandrio y orgullo de su universidá– su rollo apesta por anacrónico, resobado y — la verdá– medio pendejo… ¿A quién se le ocurre usar frases como «incendiar praderas», o de llevar idearios bembos «a lo largo y ancho de nuestra geografía», en esta época, cuando ya ni a Lionel se le ocurren?… Se me hace que no va a haber candidato que lo contrate ni para tarjetero, ya no digamos para dirigir campaña alguna. ¿Verdá palomilla?

La mancha de muertosdehambre (El Juntabotes no aplica) aprueba sin discusión el análisis político-semántico- sintético a botepronto del Bolas, mediante pugidos, interjecciones y gruñidos de conformidad: ¡Mjú, hiií, ipué, aguév…!

El maitro, ante la crudeza del comentario filosón que la plebe acaba de ratificar, agacha la cabezota y empieza a esbozar un puchero de antología, colgando las comisuras de la bocaza rumbo a las cercanías del cuello de la camisa. El Bolas, joven solidario de El Calandrio, se acerca al individuo que ha empezado a gimotear y babear desconsolado, para apapacharlo y acercarle el gollete de la ambarina:

— Ya, ya, todovaestarbien… todosaldrábien, — le dice, como ha visto que dicen los buenos en la tele.

Interviene, también enternecido, el Parara, guardián de la tradición insular, para dar un giro a la situación, que se ha tornado patética:

— ¿Y cómo es que se le ocurrió dedicarse a este asunto de preparar políticos para la grilla, amigo? Veo que le va bien: trajecito, corbata colorida, y hasta dinerito pa pistear y dispararle a la raza… ¿no?

El llorón entiende el mensaje: se limpia los mocos con la manga tornasol de su tacuche, voltea hacia la barra donde oficia el Ultramarinero y le ordena con voz quebrada:

— ¡Forjadas para todos, patrón de este altar báquico, litúrgico, esotérico y dinámico!

La fauna de acompañamiento que por acá sestea y busca gorrear el trago y la botana, se arremolina sonriente frente al patrón del antro para recibir lo suyo bien frío. Se arriman untuosos luego al maitro antes chillón y ahora ya sobradón y echaopalante, para palmearle los lomos y acomodarle el nudo del corbatón grasiento.

Algo retirados del bullicio que propician los aduladores, el Bolas, el Viejo Chamán, la Doñita, el juntabotes, Carambuyo Bill y el Parara — lo mejor de cada casa en el puerto– , observan el espectáculo. «De todo debe haber en estas resequedades — comenta por lo bajo el anciano yaqui– . Cada quién busca la chuleta con lo que Natura le dio, como el maitro éste, que tan poco tiene para ofrecer. A propósito: lo que no he apreciado desde el siglo anterior son ideas políticas de buen cuño, ni acciones revolucionarias, ni líderes carismáticos que las encaucen. ¿Y ustedes, camaraditas?»

Silencio.