De nombre y renombre

«Los Cabos no es una ciudad, pero va a serlo. Así que ni se me encabriten porque los de afuera, los otros, hayan bautizado con ese nombre a todo el estado» –señala con cierta mesura, como valiéndole, Carambuyo Bill, en medio del primitivo aguaje aquel. El peladaje reunido en ese antro que se hace llamar Los 7 Pilares se le queda viendo al fronterizo con cara de “Bueno, pues; ¿y qué más?”

—Cabo San Lucas y San José del Cabo son dos pueblos pinchurrientos que no tardan en juntar sus miserias. Su destino ya lo empalmaron y los apergolló el turismo sin adjetivos: ese que gasta dólares en alcohol, música, sexo, comida rápida y reventón, pues. (El turismo ecológico y de aventura será para otros). Pero antes de que los pueblos sean uno, los fuereños ya bautizaron el rumbo como “Los Cabos” y ni modo. Así es de que ni caso tiene que se agüiten, camaradas. Al contrario, aprovechen el viaje y hagan escándalo para ponerle otro nombre al estado. “Ba-ja-ca-li-for-nia-sur” es largo, difícil de pronunciar y, de pilón, dos veces apéndice de California: “baja” y “sur”. ¿Cómo la ven?

Como si les hubiera picado un bitachi en el sobaco, los maitros que recalan en el ágora de los sin tierra ni tarjeta de crédito se atropellan para opinar acerca del tema éste, tan a flor de pellejo.

—“Estado de Los Cabos…” ¿Y por qué no? –arriesga El Bolas, joven original de El Calandrio— . Con la ventaja de que ya todo mundo dice: “Me voy de vacaciones a Los Cabos..” o “Desde Los Cabos, en el marco de La APEC, reportó para el noticiario tal y tal..” Se me hace que “Los Cabos” está bien.

—Calla, insensato, judas, traidor a la raíz histórica –ataja La Doñita, con los ojos de gata llameantes, pero con una sonrisa juguetona— el santo nombre de “California” debiera decirte algo y estremecerte el corazón con su eufonía, que remite a los aquí nacidos a la epopeya, a la novela de caballerías, a la leyenda de Calafia en Califerne… ¿Cómo osas cambiar sus cuatro simbólicas sílabas por esa toponimia sin chiste ni fuerza ni encanto alguno? “Loscabos” “Loscabos” No. De plano, no.

—Pues claro que no –tercia El Parara—y no es necedad, ni “ganas de matar el tiempo con intrascendencias” como opinan los revolucionarios que se ocupan sólo de grandes tareas, con su ardiente mirada puesta en el horizonte histórico. Esto del nombre importa. Aunque pobres e insulares, queremos ser reconocidos con un nombre que no se preste a confusiones. Y California es nuestro nombre original. A él debemos volver. Y que se enojen Bush, El Pentágono, el Departamento del Tesoro, el Instituto Smithsoniano, la familia Rockefeller, Los Simpson, el compa Giulliani, la Migra y la Border Patrol… ¿No les parece? En cuestión de renombramiento y de renombre, nosotros y sólo nosotros somos autoridad.

La parrafada del gurú del barrio concita la aprobación de la tribu y no se vuelve a tocar el asunto. California será, y punto. Faltaba más.