De herencia cultural y críticos

Despatarrados, echados de cualquier manera sobre el suelo de la techumbre, los vagos, los pelafustanes, los golfos de California que se la viven en Los 7 Pilares no están de humor. Un maitro fuereño, uno de esos que habrá llegado en un crucero de lujo “les echó” bien y bonito: les dijo hasta de lo que se iban a  enfermar si seguían viviendo así, al día, como animalitos del desierto, sin planear su vida ni la de sus cachorros. Así los encuentra El Parara esa tarde fresquecita de nubes y brisas que no dan color ni calor ni frío: desparramados, silenciosos, absortos, rencorosos con su otro yo y con el resto de la humanidad.

—La neta: si eres desobligado y medio vaquetón, no debieras molestarte cuando viene un fuereño y te canta sus verdades. Pero sentí feo el regaño del gringo ese. ¿Por qué será? –se pregunta El Bolas, joven virtuoso de El calandrio, al tiempo que bebe con exceso de aspavientos la última gota de su forjada.

—Si ejerciéramos con mayor frecuencia la autocrítica, no vendrían extraños a revelarnos nuestra propia imagen –sentencia La Doñita—.

Pero somos algo dados al autoelogio, a la vanagloria, a la presunción y a una vanidad que tiene escaso fundamento. Seamos menos lurios y más serios, digo yo.

—¿Es malo sestear a mediodía, de lunes a domingo? –piensa en voz alta El parara— ¿Resulta negativo soñar despierto, filosofar acerca del vuelo del moscorrón? ¿Qué daño hacemos con no dar golpe si no es absolutamente necesario? Los ciudadanos atenienses, y los griegos en general, se la pasaban como nosotros: a toa madre, en diálogo o en soliloquio permanente, buscando verdades eternas y dejando que los esclavos se rajaran el lomo. ¿Qué tuvieron ellos que no tengamos nosotros?

—Ha de ser que Atenas, y Grecia en general, parió la filosofía, creó con la polis y la democracia los fundamentos del Estado moderno, nos heredó La Ilíada, La Odisea, La República, el poema épico, la comedia satírica, Platón, Aristóteles, Sócrates, Arquímedes, Epicuro, Protágoras, arquitectura, esculturas, poemas, mitología, geometría … –concluye El Viejo Chamán yaqui, muy serio, sin asomo de ironía— . Y se me hace que, además de La ruta de las misiones, El Güero de Las Canoas, el guayabate con queso de apoyos, el perredismo silvestre, la machaca de mantarraya, la Universidad dizque Autónoma de BCS y las pinturas rupestres, poca cosa hemos legado desde por estos rumbos a la doliente humanidad, tan necesitada del esfuerzo de sus hijos: todos nosotros.

— Bue… –se defiende el gurú del infelizaje— habrá que darnos tiempo a que carburemos nuestras grandes obras ¿no? La cultura griega necesitó varios milenios para dejar su huella. Nosotros, pian pianito, ahí la llevamos. Desde 1697 en que llegaron los curas jesuitas a Loreto, ha transcurrido apenas un trescientón. La cosa es calmada. Ese gringo que vino a soliviantar los ánimos con su crítica infundada, o anda desencaminado, o forma parte de un complot internacional diseñado con perversidad para desacreditarnos, y habrá que olvidarlo. ¿Cómo ven?

La pregunta del guardián oficioso de la tradición chollera es aceptada como propuesta y como conclusión. “Que otros ejerzan la autocrítica; a nosotros, lo nuestro” piensan. Y beben de las forjadas con el ánimo reconstituido. A güevo.