De futuros y otras jaladas

Bulle la neurona en Los 7 pilares esta tarde tan invernal como caliente. La masa de ganapanes, multichambas y pocaferia,– o sea, lo mejor de cada casa en el puerto y en la isla–, ha decidido dedicarle sus afanes intelectuales a un asunto harto difícil: el futuro de los sudcalifornianos.

Nadie parece dar bola en cuanto al método y menos aún, si habrá mesas de trabajo por ejes temáticos; si analizarán la transversalidad del universo macro; si el marco teórico habrá de comprender las… Ustedes saben: la tribu está hecha pelotas, confundida porque alguno entre ellos estudió un cursillo de Administración Pública y Antropología Social (Sic) por la Internet y quiere poner en práctica lo aprendido.

–¡Déjense de mamadas!, – exige El Parara a la perrada con voz ríspida–. Para enterarnos de lo que el futuro nos depara es cuestión de que hagamos hablar al Viejo Chamán yaqui, aquí presente, poniéndole en la garra siniestra una forjada.

Y diciendo y haciendo, el gurú del infelizaje porteño coloca el bebestible donde es menester, y el anciano de la Pimería se arranca con un buche descomunal, dos eructos rumorosos, una limpiada de fauces con el mismo antebrazo con que amaciza la ampolla opalescente, y esto dice, con voz de piedrones rodantes: –No es tan difícil avizorar el futuro de esta tierra larga, reseca… y hermosa, todavía. Los gandallas intereses internacionales le pusieron el ojo encima. Los Cabos está desde hace rato ya en manos de las grandes cadenas hoteleras, las tiendotas, los desarrolladores inmobiliarios, los fraccionamientos para millonarios, los sitios para el reventón, el trago, las drogas y la putería nacional e internacional, cómo no. Los narcos de abolengo y los puchadores ínfimos, en ese caldo de dólares nadan y se revuelcan. Detrás de los intereses “legítimos” y no tanto, de todos ellos, están, como siempre, los políticos de “los tres órdenes de gobierno”, que autorizan, ofrecen, propician y acuerdan “lo conducente” para que los señores del capital no tengan tropiezo legal alguno. ¿Ven ustedes cómo viven los trabajadores de Los Cabos, con jornadas abusivas de trabajo, sueldos miserables (pero jugosas propinas que premian la abyección), en colonias marginales oscuras, violentas, sucias, sin servicios? Es lo que le espera a los habitantes de Los Barriles, El Cardonal, Loreto, Bahía Concepción, Mulegé pueblo… y Todos Santos, claro, que está a punto de ser tragado por apenas tres santos, pero que tienen muchos dólares corruptores y el apoyo de federales, estatales y municipales, que les han vendido tierras y aguas para que edifiquen más de tres mil residencias en las que vivirá gente fina, venida de lejos, a ensuciar el ambiente, beberse el agua potable para regar campos de golf y a joderos la existencia.

El futuro de los sudcalifornianos está siendo hipotecado por quienes apoyan la venta de tierras y aguas a extranjeros para la explotación turística, minera, pesquera y hasta alimentaria. En pocas décadas los californios del sur andarán llorando su pérdida por los rincones, porque nadie se atreve a poner diques a la ambición de las transnacionales, que no tienen lleno. Los pocos que se animan a protestar ante el saqueo, son acusados (“por los tres órdenes de gobierno”) de actuar en defensa de intereses oscuros, y por ello hostilizados, exhibidos por unos medios de información envilecidos, corruptos, cínicos, defensores de los poderosos. Si ando errado en mis vaticinios, sírvanse darme de coscorrones, camaradas.

La canalla reunida en la ramadota ésta queda silenciosa, aturrullada y lánguida ante la parrafada sórdida de este anciano méndigo, que se atreve a dibujarles un futuro pérfido.

Ha de ser El Bolas, joven enjundioso de El Calandrio, quien los saque de ese estado lúgubre y los regrese a la realidad: –Palomilla: Yo creo que mejor será que dejemos el futuro en paz, y que nos refugiemos en el pasado. Mejor vamos pidiéndole al Chamancito aquí presente que nos cuente alguna aventura de mar o tierra, de allá cuando andaba de rastreador y flechero con el padrecito Salvatierra, y la chingá.

Nadie rezonga cuando el anciano yaqui acepta otra forjada y se tira de cabeza en la epopeya diciendo: “Los guaycuras de Loreto Conchó no eran tan mansitos como dicen los historiadores; no señor. Si te descuidabas en las noches, te podían atravesar de lado a lado con una lanza envenenada con hígado de botete. Me tocó cuidar a un hermanito yaqui al que le rajaron…”

Que viva el pasado. Cuál futuro.