De escuela y amenazas

«¡Palomillaaa… a que ni saben! — grita desaforado El Bolas (Orgullo de El Calandrio) cuando ingresa a Los 7 Pilaresmientras corre hacia la barra do la hielera madre reposa y rebosa (tallada con amor a partir de la tablazón de El Triunfo de la Cruz, primera nave construida en la California) haciendo gestos para que el Ultramarinero le atienda tendiéndole una forjada, misma que es gorgorizada de inmediato por el universitario que, eructando escandaloso, hace la pausa efectista acostumbrada con un comentario marginal ciertamente innecesario:

— ¡Puuuuta qué calor!, ¿no?

La runfla de ganapanes lo observa con cejas levantadas, en espera del mitote que aquel «aquenisaben» prometió. El Bolas se hace pendejo, como si no entendiera el motivo del arqueo de cejas y la expectación lograda.

Vuelve pues a lo suyo que es trasegar amargor frío por el venudo gaznate, y al fin lo suelta: — Reeeesulta, que el que quiere comprar la escuela18 de Marzo es Carlitos Slim, y quiere tirar sus muros para abrir una tiendota departamental en la que se vendan regalitos, fruslerías, libros de autoayuda junto a enchiladas poblanas y café colado. ¿Cómo la ven? ¿Lo irá a lograr? Dicen que tiene más dólares que El Jutabotes, y que es más terco que Aréchiga. Eso dicen.

Los parroquianos no se inmutan. Regresa cada cuál a sus cavilaciones. El Parara medita acerca del destino que aguarda a los pescadores de Los Lobos, enfrentado al Destino Manifiesto que impulsa (todavía) a los yanquis a avanzar por el Oeste hacia y hasta el Pacífico océano, porque Dios así lo sigue queriendo, of course y cómo chingaos no.

Carambuyo Bill suda y suda, bebe y bebe mientras compone lo que será el epílogo de su Canto general dedicado a las tres Californias que en su corazón conviven. La Doñita no halla la puerta para salir del broncón que le representa el gasto diario con un marido vaquetón y dos plebes estudiando… ¡en la 18 de Marzo!, qué casualidad. El Juntabotes calcula sus ganancias en la Bolsa de Valores de la Gran Manzana, dando ojeadas a su laptop para observar el comportamiento actual del índice Nasdaq y dando besitos sosegados pero repetidos a su empapelada. El Viejo Chamán ha dejado su vestidura carnal desde hace rato en el tronco de colorín que le pertenece, y vaga por mundos distantes en el hiperespacio sin tiempo. Quizá es de nuevo un carbonero parisino que descansa tras la toma de La Bastilla, o agazapado en el tiro de una mina de El Boleo, devora su lonchi de machaca de totoaba con tortillas de harina, o dialoga con su colega don Juan en una banca de la plaza de Oaxaca, o sepan los sus diablos qué y dónde.

El caso es que nadie pela ahora al Bolas, por más esfuerzos que sigue haciendo por llevar agua al molino de la discusión acerca de lo que le espera a la 18 de Marzo, con tan escasos defensores y un enemigo tan de cuidado como el siriolibanéschilango cuyos intereses ya dejaron Loreto y avanzan por el malecón, sobre la 16 de Septiembre y — ¿Ya estará enterado El Picore? — pregunta, molesto y provocador, El Bolas.

Y menos lo pelan, por igualado.