De educación y preguntas

Cuando El Parara entra a esta su oficina que es Los 7 Pilares, el sol tuesta desde endenantes los techos y calles del puerto, pero acodado en la barra resobada de mezquite está ya — desde temprano– un gordito panzón, molacho, bizco y barbitordillo que gesticula y ríe con la tribu de muertosdehambre habituales. La entrada al ágora del gurú de la canalla porteña alborota al gesticulador hispano:

— ¡Por el coñazo de la virgen y la leche pútrida del Generalísimo… ya está aquí El Parara! ¡Venga un abrazo!

Los apapachos mutuos, las interjecciones y cariñosas mentadas de madre entre el bizco vasco y el exboxeador paceño van bajando de tono hasta aquietarse. El Parara propone que, dadas las broncas en que la CNTE ha metido al gobierno de Peña Nieto, se aproveche la nueva visita del filósfo para que señale a la perrada alguna vía para destrabar el conflicto, y permitir que los chamacos de todo el país estudien, y — claro– los profes eduquen.

— Educar… ¿para qué? — quiere saber el Viejo Chamán yaqui, viendo provocador al gordito.

— Pues hay muchas preguntas que los educadores de cada país deben contestar antes de planear: ¿Debe la educación preparar aptos competidores en el mercado laboral o formar hombres completos? — dice el del ojo pispireto.

— Hombrecitos completos — responde convencido El Bolas, orgullo de El Calandrio y de la UBCS.

— ¿Ha de potenciar la autonomía de cada individuo, a menudo crítica y disidente, o la cohesión social? — pregunta a la tribu el hispano.

Nadie responde.

— ¿Reproducirá la educación el orden existente o instruirá a los rebeldes que pueden derrocarlo? Silencio prudente en el hoyo anarco.

— ¿Mantendrá la educación una escrupulosa neutralidad ante la pluralidad de opciones ideológicas, religiosas, sexuales y otras diferentes formas de vida (drogas, televisión, polimorfismo estético), o buscará lo preferible, proponiendo modelos de excelencia?

— ¿Pueden simultanearse todos estos objetivos o algunos resultan incompatibles? En este último caso, ¿cómo y quién debe decidir por cuáles optar?

El palenque ha enmudecido. Nadie entre los presentes se atreve a responder con seguridad a las preguntas que el sonriente gordito les ha lanzado viéndolos por turno a los ojos y como retándolos a que se abran a la discusión.

— Nos la pusiste difícil, camarada, dice El Parara. Yo — y supongo que también los demás– sólo quería que nos ayudaras a analizar el pedote en el que se han metido el Gobierno y los maestros disidentes, pero el Chamán yaqui clavó la pregunta y la intriga: «¿Educar… para qué?» Juro ante mis dioses que creía tener claridad al respecto, pero tus respuestas (que son preguntas) me dejaron bembo.

— No te preocupes, compa… O mejor: preocúpate, porque parece que ni el Secretario de Educación ni el líder del SNTE y el de la CNTE tienen respuesta a esas interrogantes. Ellos andan ocupados en otros menesteres: la sucesión presidencial uno; el jugoso negocio sindical los otros.

Con este panorama tétrico para la enseñanza en el país, no queda más remedio a la perrada que en este altar de tragos y trasgos se reúne cada vez que puede, que ofrecer libaciones en honor de esta visita notable, que hizo viaje especial desde Bilbao para departir con «sus iguales», según dice, y escuchar las narraciones del Viejo Chamán yaqui, que en honor del visitante, se arranca con:

— Fue en una esquina de la Plaza Mayor madrileña, durante la Guerra Civil: tres jóvenes anarquistas rodeaban esa tarde a un anciano al que acusaban de «burgués» por vestir una negra capa con forros de seda, y pretendían ajusticiarlo allí mismo. Les apliqué un correctivo a los malandrines y me llevé al ruco a un café cercano, donde con un anís para el entripado, se presentó: «Soy Miguel de Unamuno, su servidor», me dijo.

Imaginen ustedes la cara del Savater. Fue una tarde-noche- madrugada de reencuentros, memorable; cómo no.