De celebraciones y soliloquio

Algún motivo secreto tiene El Ultramarinero para que haya organizado un reventón en Los 7 Pilares, porque el infelizaje es recibido a la llegadita con sendas forjadas, sin más explicaciones. De las vigas de palma negra que sostienen el enjaule con las hojas de abanico — algo hilachentas por tanto chubasco– cuelgan cadenas multicolores de papel de china, y en el piso de tierra han sido esparcidas varias carretilladas de oloroso aserrín. La Hielera Madre rebosa de ampollas opalinas y hielo quebrado. En la rockola recién adquirida en una segunda, JoséAlfredo alterna con Joaquín, Joan Manuel y Astor, los músicos preferidos de esta tribu variopinta de macuarros, teporochos, vagos y pelafustanes que dan lustre y esplendor al puerto y a la isla, ésta que se ubica a la diestra de las Indias y muy cerca del… ya saben.

— Ya pasaron las recordaciones de los Niños Héroes y del Grito, así es de que no le atino, no le hallo al porqué de la celebración — comenta en voz baja El Bolas, joven dubitativo de El Calandrio y orgullo de su universidá. O Será que está contento porque las armas nacionales se han cubierto de gloria: el inglés cayó en el noveno asalto ante los puños del Canelo… Pero no le gusta la violencia en cualesquierade sus formas; así es de que… ¿No le irá a Trump? y como el bembo ese ya le anda respirando en la nuca a mi Hilary… No, no creo; el Ultra es liberalón, de los de antes, medio juarista, medio cardenista, medio chuchocastrista… A lo mejor está festejando el rechazo general que ha despertado la ofensiva del clero católico contra de las leyes que reconocen libertades a las parejas de homosexuales y lesbianas para casarse, adoptar o lo que sea, ¿no?.. Tampoco me late. Ora que, bien pensado, tampoco estamos para festejos en la isla; no hay día en que no muerda el polvo un narcomenudista, un sicario, un vecino distraído o un poli decente (que los hay), mientras el trasiego y la venta de drogas baratas se multiplica… Pero tampoco la vida va a parar porque los señorones de los carteles andan enloquecidos en sus negocios; no señor. Salud, pues. Se me hace que Los 7 Pilares está cumpliendo años de vida. No; eso es en tiempo e frío. Quizá El Viejo Chamán yaqui (por acá a mi diestra) completó su tercer siglo en el planeta, y eso sí que es motivo de celebración. O a lo mejor, ganaron los pescadores de Los Lobos en Todos Santos el pleito que se traiban con los gringos de Tres Santos, y éstos les restituyeron la playita en que varaban sus pangas, les replantaron los mangles del estero y los indemnizaron con un millón de pesos a cada uno por la molestia, ¿no? Se me hace que no. Pue que El Ultra nos esté agasajando porque hemos dejado a la señora Walton comprar cuanta casa vieja teníamos en el barrio para restaurarlas, pintarlas bonito y luego abrir en ellas negocios elegantes… uta, no. Se me hace que el gobierno panista y fascista del hijo de Angelcésar le llegó al precio al patrón de este aguaje y, como va a cerrarlo por derribo, nos quiere agasajar de despedida…

El soliloquio de El Bolas es interrumpido por un carraspeo doble: es El Ultra, que — contra su costumbre– va a hablar y a brindar con su clientela:

— Amigos: (pausa efectista): Brindo con ustedes, porque… estoy feliz. Muy contento; cómo no. A mis ochenta y tantos… anoche… ¡Palomilla!… ¡Tuve una erección!