De autobiografía y prudencia

Llega el Día de las Madres y la tele, los periódicos, las supercarreteras de la Internet, los mercadotes, los Oxxo, los changarros de cada esquina y hasta el maitro fayuquero de la colonia te piden, te exigen que le cumplas a la que te dio el ser (y el estar) con alguna chuchería, que puede ir desde una Hummer del año, un viaje a Las Vegas o hasta, ya de perdida, una licuadora de 12 velocidades para que te atienda, cada mediodía, llevándote al colchón donde reposas tu licuadote de mangos chabelitos (con dos huevos sinoesmuchalamolestia, Jefecita).

No; ya en serio: hombre responsable que tú eres, te das cuenta que a los 33 añitos puede ser que ya sea tiempo de abandonar el nido y emprender el arduo sendero de la libertad, pero antes debes agasajar a la mujercita linda que tanto te chiquea y protege de todo mal (desde que viniste a este valle de lágrimas a sufrir como un galeote) dejándola bien fondeada.

Has resistido con entereza, y rechazado, las infames ofertas de trabajo que pretendían ubicarte colgado en un poste jalando cables de alta tensión para la CFE, o abriendo sucias zanjas (¡en mero agosto!) para Telmex… No es que uno quiera ser catedrático de tiempo completo en la UBCS y ganar aquellos sueldazos, o que se la den a uno de tesorero cuidador de las arcas gubernamentales; porque uno,  –loqueseaecaquién–, uno no ha estudiado la secundaria, pero ¿qué tal de diputado local y/o porquéchingaos no? de senador de la república, ¿verdá?

Te levantas tardezón, es cierto, pero es que te desvelas pensando y repensando cómo hay que hacerle para quedar uno bien parado en un puesto desos de la política. Ya has ido a ver a los del PAN, que son los macizos porque están donde deben, pero te dijeron que orita no, que hueso no, porque primero tienen que atender a sus huestes, por eso es que andan haciendo el corredero en los dos niveles (así dijeron). Fuiste al PRD y no encontraste a nadie; el que barre te dijo que así han estado –sin gente– desde hace rato, y que el dirigente mayor va pocón a la oficina porque parece andar en tratos carnales con una morenaza dizque de moda. Allá él. En el PRI te dijeron de plano que no;  que –a la edad de Cristo– estabas muy chamaco para aspirar a un puesto; que los visitaras “cuando llegues a la tercera”.  Juegan beisbol, de seguro, ¿o se refirieron a la edad? Quiénsabe.

No es fácil ser “home-boy” (el chamaco de la casa) en estos tiempos, pero dada la narcoviolencia cabrona que nos atenaza desde endenantes, se me hace que –viéndola bien—más nos vale (a los californios bien nacidos) quedarnos quietecitos en el hogar y salir pocón a estas calles, donde –diosnoloquiera—puede alcanzarnos una ráfaga cuernoechivera, de esas que lo sacan a uno de circulación forever. A poco no.