De anatomistas y Sabina

Se escucha a Joaquín Sabina esa noche en Los 7 Pilares. La nostalgia por la juventud, lejana ya para la mayoría de la tribu, se recuesta en las letras de este gachupín iconoclasta y cabrón: …me duermo en los entierros/ de mi generación/ tan joven y tan viejo/ like a Rolling Stone. Las puntadas del Sabina dan pie a que El Parara recuerde que unos días atrás hubo topado con otro español hijo de españoles pero formado en México, y de visita en el puerto éste.

—Andaba yo con el doctor Meza, dándole lata para que me atendiera una cruda que me traía descangayado y laxo, cuando, después del tercer litro de suero que me aplicaba por vía intravenosa, me subió a su carrito y llevóme a un sitio llamado la Casa del Médico, donde un viejito flaco, canoso y vacilador, hablaba ante un grupo de cirujanos que le bebían las palabras porque (después me enteré), el tipo era una vaca sagrada en la cirujía del nosequé. «Es Vicente Guarner», me dijo al oído el doctor Meza «es un gran médico y también un novelista».

El ruquito empezó a contar cómo se le ocurrió escribir una novela a partir de la Anatomía del Renacimiento, para que la leyeran otros, además de sus cuates. «Me divertí escribiéndola. Ruy Pérez Tamayo (otro médico-literato) dice que es autobiográfica.

Yo digo que todo libro lo es». El tema y la sabrosura del flaquito éste hizo, compitas, que olvidara mi cruda y me clavara en la sapiencia del hispanomexicano que hablaba con amor de la Anatomía, de la caída de Constantinopla, de la huída de los intelectuales con sus libros hacia los burgos europeos… Luego mentaba a Galeno, Vesalio, Eustaquio, Falopio y una runfla de anatomistas que fueron sentando el conocimiento de esta máquina maravillosa que es nuestro cuerpo, aguantador y sufrido.

Se dijo admirador del México de los años 50, una ciudad transparente, hermosa y segura, a la que evoca en su novela Cazador de sombras (?) no estoy muy seguro que éste sea el título (la cruda, camaradas, la cruda), pero lo que sí puedo asegurarles es que las visitas de vejetes jóvenes como ese Vicente Guarner nos dejan algo, bastante más que la de los 800 marines que bajaron de su navío de guerra para estar de juerga, días atrás, en Los Cabos.

Los cómplices del gurú de la canalla porteña asienten convencidos y regresan a centrar su atención en Sabina, que ha vuelto a las andadas nostálgicas: …lo que sé del olvido/ lo aprendí de la luna/ lo que sé del pecado/ lo tuve que buscar/ como un ladrón, debajo/ de la falda de alguna/ de cuyo nombre ahora/ no me quiero acordar… Gruesos lagrimones ruedan por los curtidos cachetes de la tribu. No hay de otra.