7 PILARES / El coloquio de los perros

“¡¿Vieron cómo los fifís andan acelerados porque les van a prohibir pasear a sus perros por el malecón isleño?!” –vocifera El Bolas en Los 7 Pilares, y ríe escandaloso, pero el infelizaje reunido esta tarde de colla otoñal en el aguaje semiclandestino no atiende, pues cada uno trae entre pecho y espalda alguna mortificación de mayor relevancia.

–Hay noches especiales, cuando ciertos astros se perfilan, en que los canes hablan –dice el Viejo Chamán yaqui con voz grave y sosegada.

Por su novedad, las palabras del anciano atraen la atención de todos.

–¿De veras? –pregunta con un dejo de burla Carambuyo Bill, hombre viajado y poeta laureado en las tres Calfornias–. ¿No andarás leyendo novelas cervantinas, brujo?

–Algo hay de eso. Antenoche, por ejemplo, adelantándome a la legislación que habrá de permitirlo, estaba yo dándome un toque bajo el puente de El Esterito, cuando dos perros se echaron a mi lado entre las piedras y, sin notarme, empezaron esta conversación que hoy les transmito, con pelos y señales:

–“Amigo Barcino, como ya me moría por hablar, aprovecho esta conjunción astral para soltar algo de lo que me ronca en el gaznate.

–Suéltelo pues, camarada Jandor, que esta noche yo soy todo orejas.

–Andan –porque está de moda— los políticos queriendo hacer una consulta para ver si prohíben o permiten que los perros finos paseen por el malecón arrastrando a sus amos. Los paseantes sin perro se quejan, o de recibir nuestras mordidas o de pisar nuestras cagadas.

–¿Nuestras? Serán las mierdas de los fifí. Los vagos sin pedigrí no paseamos por esos lugares. Lo nuestro es el rastro municipal, el mercado Olachea, la barriada… Pero volvamos: ¿no hay asuntos de mayor peso en esta sociedad? La violencia de los narcos y de sus protectores; la impunidad de los corruptos; los salarios de hambre; la incapacidad de los políticos; la venta acelerada de territorio a los extranjeros… por decir lo menos? Una encuesta sobre esos asuntos podría resultarles atractivaa los isleños.

–No sueñes, amigo Barcino, y más aún, no pontifiques que te vuelves aburrido. ¿Para qué hablar más de lo ya sabido? ¿Qué ganamos nosotros con repetir la queja ciudadana? Las malas políticas son la levadura con la que los poderosos amasan el pan de nuestros amos. Y siempre ha de ser pan de lo mismo, con masa morena, azulenca o tricolora: abuso, prepotencia, simulación, mentira, contumacia, vileza y cinismo…  Lo de las muy nuestras perrunas deyecciones es sólo circo, y malo, por cierto. Yo voto por el fecalismo al aire libre, sin restricciones, como hemos venido cagando los perros desde que dejamos la lobuna manada y nos arrimamos a la primera cueva habitada por humanos. Viva la libertad”.

–De ese tenor fue el coloquio entre esos perros de oscuro linaje, antenoche, bajo el puente de El Esterito, del que este anciano amigo vuestro fue testigo involuntario. Y dijeron más, pero se los cuento luego, porque ando saliendo de shoping este Buen Fin. Necesito unos guaraches de llanta. ¿Gustan?

En Los 7 Pilares suceden episodios insólitos.