7 Pilares / El cerro de oro

Juan melgar

El médano Amarillo te fascinó desde el momento en que lo viste. ¿Cómo no quedar prendado de una mole de arena enorme iluminada por el sol del amanecer, allá, al fondo de bahía Ballenas? La estarías observando en sus cambios de luz desde tu panga durante horas, mientras tu patrón el buzo corría por el fondo arenoso buscando en las piedras abulones que introducía en una jaba de piolas. Cuando llena, daría una señal de tres tirones en el cabo atado a su cintura para que subieras la bolsa y, en el banco central de la embarcación, desconcharas los moluscos y guardaras sus callos en un tambo.

         Pero no es la faena abulonera lo que quieres compartir, sino la impresión que te causó aquella imagen dorada que el sol del amanecer ilumina. El horizonte azul del Pacífico en calma la destaca. Es resultado de miles de años del soplo incesante del viento noreste, arrastrando la arena finísima de la playa para acumularla y formar esa mole de oro que refulgía ante tus ojos enamorados.

 Han transcurrido sesenta años desde la última vez que la observaste por primera vez. ¿Habrá aumentado su volumen? ¿Creció vegetación en sus laderas y no centellea ya como un cerro de oro? ¿Un viento norte poderoso que sopló por semanas arrastró de nuevo sus arenas hacia el mar?

         Quieres pensar que allá sigue, al fondo de la bahía, presidiéndolo todo a su alrededor y sirviendo de torre vigía, atalaya de los coyotes playanos que lo escalan cada amanecer para observar sus dominios: la red serpenteante de canales de su estero en los que bulle la vida y, al frente, la bahía azul que forma parte del mayor de los océanos del planeta.

El cambio, la transformación, es la constante en la naturaleza; pero te niegas a aceptar que tu médano, el más bello estandarte que tus ojos vieron brillar en el desierto de El Vizcaíno, haya sido borrado por los vientos y regresado a la fuente de donde procedía. Si así fuere, que nadie te lo informe. El médano Amarillo vivirá en tu recuerdo hasta que seas también polvo en el viento.